El pensamiento de Tito marca una de las líneas conductoras del desarrollo del marxismo creador en el mundo y ofrece de día en día nuevas pruebas del potencial creador del mismo marxismo, así como de la práctica revolucionaria fundada en el marxismo. El pensamiento y la obra de Tito confirmanse cada vez más y devienen una fuente permanente de inspiración para la acción revolucionaria de las fuerzas socialistas en el mundo y sus esfuerzos en la búsqueda de caminos y medios de lucha para la propia emancipación, en armonía con las condiciones específicas en las que tiene lugar esta lucha.
Con su personalidad y con su filosofía política, que se halla expresada en toda su obra práctica y teórica, Tito simboliza la unidad del sentido intrínseco de aquellos esfuerzos que, en el lapso de los últimos 60 años de la historia contemporánea, se concentraron y manifestaron dentro del marco de la lucha por el desarrollo del socialismo y el encuentro de nuevas vías para su afirmación como movimiento mundial de emancipación de la clase obrera, así como de los pueblos y nacionalidades del mundo. Tito, en este sentido, simboliza completamente aquella fase del desarrollo de la sociedad contemporánea en la que el socialismo, desde las ideas iniciales de solidaridad internacional en base a la primera revolución socialista llevada a cabo y a la construcción del socialismo en un país, creció hasta convertirse en un movimiento mundial de masa que en distintas formas y a través de diversos aspectos de la histórica actuación revolucionaria, realiza su esencia, esto es la relación social socialista. Precisamente por esto, Tito y su obra representan
aquel factor esencial al que se debe la permanente continuidad en el proceso mundial del desarrollo del socialismo, del movimiento obrero y comunista, desde Lenin hasta hoy, y ello en el verdadero sentido, en el sentido dialéctico del significado de esta continuidad, conservando de todos modos en sí mismo, a la vez, el momento de la discontinuidad para poder llevar a cabo algo nuevo. En el socialismo y en el movimiento obrero, con respecto a su anterior fase de desarrollo, él introdujo esencialmente nuevas ideas e impulsos que hacen posible a este movimiento actuar siempre en forma creadora y seguir siendo en el futuro un factor fundamental en el proceso mundial de desarrollo hacia el socialismo y el comunismo. Acerca del carácter de la actuación histórica de Tito podemos decir que responde absolutamente a aquel contenido de la noción dialéctica del proceso mundial del desarrollo tal como lo pensaron Hegel y Marx, lo cual significa superar una situación determinada mediante la negación, pero con un sentido más profundo, el de mantener y continuar el desarrollo sobre los elementos positivos de lo anterior, negando al mismo tiempo sus factores negativos. Por esto la personalidad de Tito y su obra se insertan, en el pleno sentido de la acción revolucionaria, en la delineación histórico-trascendental de las fases fundamentales del desarrollo del movimiento obrero, del marxismo, del socialismo y del comunismo, constituyendo sin duda una de sus fases esenciales y trayectoria de su futuro. Debido a esta importancia histórico-social trascendental del pensamiento y de la obra de Tito, ellos devienen una de las enseñanzas teóricas, ideológicas y políticas de las fuerzas revolucionarias en la edificación del socialismo y del futuro.
La interpretación del pensamiento y de la obra de Tito, pues, como base imprescindible y comienzo de cada análisis de las tendencias del futuro desarrollo del socialismo en conjunto y en Yugoslavia en particular, debe necesariamente partir del mencionado carácter trascendental de su obra y de su actividad, y ello en el seno del movimiento obrero socialista y comunista tal como él era hacia fines de los años 20 y a principios de los años 30 de nuestro siglo. Con seguridad se puede decir que, en el mismo seno de la Internacional Comunista, entonces se formuló, básicamente y en la cuestión esencial de la independencia del Partido y del pueblo, la futura alternativa creadora al stalinismo. Esta alternativa, en la cuestión substancial del futuro desarrollo del movimiento comunista y socialista, esto es en la cuestión de la independencia del Partido y de su responsabilidad frente a su movimiento, a su clase obrera, en condiciones de existencia de una Internacional centralizada; esta alternati-
va que iba a asegurar también en el futuro relaciones de igualdad entre los países socialistas, la formuló ya Tito la VIII Sesión de la organización zagrebense del Partido comunista de Yugoslavia, que tuvo lugar a principios de 1928 en Zagreb. Esta alternativa no se respaldaba en la lucha por el llamado legado de Lenin, no era doctrinaria ni tenía por objetivo conquistar una determinada influencia en el pCS (b) ni en la Internacional, sino que era creadora, real, práctica y encaminada a extender la base del proceso socialista en el mundo.
Como se sabe, la actuación de Tito entre las dos guerras estuvo orientada, ante todo, a la edificación del mismo Partido, a las cuestiones inherentes a su organización, a su capacidad ideológica y política para cumplir, en un momento dado, cuando lo permitieran las condiciones históricas, la tarea de llevar exitosamente a cabo la revolución socialista. En el contexto de tal estrategia Tito dio una nueva concepción al Partido, una concepción que se diferenciaba de las que entonces prevalecían en el Partido y que se fundaba en una mayor vinculación del Partido Comunista de Yugoslavia con la clase obrera y con las más vastas fuerzas progresistas de la sociedad, en su responsabilidad frente a su propia clase y a su pueblo, y no en un centro de afuera; que se fundaba en el fortalecimiento de su firmeza interna y de su unidad en base al centralismo democrático, a la moral revolucionaria, a lo humano y democrático.
En otras palabras, Tito edificó el Partido sobre las bases de una situación social concreta y de las necesidades específicas y de las condiciones de la lucha de clases y de los intereses de las más vastas fuerzas progresistas en nuestro suelo; un Partido que era capaz de encontrar la solución más adecuada en las situaciones históricas concretas y en los dilemas. Sobre esta plataforma Tito luchó directamente por la unidad del Partido, por su firmeza ideológica y política y su cohesión. Para Tito el Partido siempre fue la vanguardia revolucionaria; y la lucha por los intereses de la clase obrera y de todos los pueblos y nacionalidades de Yugoslavia, por la vida libre del hombre, fue la razón de su existencia.
Justamente por esto, en la historia del movimiento comunista y obrero de Yugoslavia quedará registrado el mes de febrero de 1928, porque fue cuando Josip Broz Tito, como secretario del Comité local de la organización del Partido de la ciudad de Zagreb, inició una lucha decidida contra lo sectario, contra el oportunismo y las facciones, por la unidad revolucionaria del Partido y por su responsabilidad ante la clase, y no por los intereses parciales de las facciones. Recordando aquellos días, Tito destacó muy a
menudo que aquellos fueron los inicios de la reorganización del Partido en conjunto y de su mayor conexión con las masas trabajadoras, «los inicios de la lucha por la creación de un Partido del tipo leninista, cuyas tareas iban a derivar de las condiciones concretas y de la situación política como la que imperaba en aquel tiempon.
Este curso del Partido, el curso de Tito, fue ratificado en la histórica V Conferencia Nacional del PCY celebrada en octubre de 1940 en Zagreb, cuando se adoptó la línea política que iba a asegurar que el Partido estuviera preparado y se encontrara en el primer lugar en los acontecimientos decisivos del año 1941. «En esta concepción del Partido y de su política, en el fuerte respaldo de las masas trabajadoras -destacó Tito- reside ante todo la respuesta a la pregunta de cómo fue posible que apenas unas cuantas decenas de miles de comunistas y de jóvenes miembros del Partido fueran capaces de conducir al pueblo de Yugoslavia a la decisiva, a la histórica epopeya de la liberación nacional y de la revolución socialista».
A mediados de los años 30, en la cuestión substancial de la autonomía de los partidos de los distintos países y de la dirección en las líneas estratégicas y tácticas del desarrollo de la lucha por el socialismo, opuestas a los puntos de vista centralistas y stalinistas que imperaban en la Internacional, Mao Tse-tung dio una versión en esencia parecida de esta alternativa. Manifestó esta actitud, como se sabe, insistiendo en que el centro de la lucha contra el capitalismo en China se transfiriera de la ciudad al campo, a lo cual se procedió después del triunfo de Chan Kai Shek en las ciudades, donde redujo a los comunistas y aplastó la insurrección en ellas. Pronto después de Mao Tse-tung, algo parecido a esto estableció Ho Chi Minh, como principio en el cual se basaba la acción de los comunistas en Viet-Nam en la lucha contra el colonialismo francés y el capitalismo. Esto quiere decir que en un movimiento revolucionario creador, en base a las condiciones concretas de vida y de trabajo, por doquier e imprescindiblemente debe aparecer una alternativa creadora, una alternativa dialéctica frente al dogmatismo y al stalinismo; y esta alternativa apareció verdaderamente tanto entonces como ahora.
De lo dicho se desprende que ya entonces, en las cuestiones substanciales de las relaciones de clase y de su organización, de los caminos específicos y no prescritos de la lucha revolucionaria, de la autonomía del Partido, de la clase y del pueblo en la realización del programa revolucionario, se constituye el núcleo de la alternativa creadora frente al stalinismo. De ahí que sea erróneo considerar -y esto es muy importante en la interpretación de la obra de Tito y
de su papel histórico- que en el movimiento comunista no apareció en absoluto una oposición constructiva al stalinismo en el plano político ya antes de 1948, y algo más tarde en el teórico, tal como afirman algunos modernos historiadores y teoréticos del marxismo, sino que la verdadera oposición al stalinismo, tanto en la teoría como en la práctica, fue únicamente la trotskista y buharinista por una parte, y la menchevique por otra.
Estas afirmaciones son insostenibles por la simple razón de que niegan fundamentalmente la existencia de cualquier alternativa constructiva y productiva frente al stalinismo en el seno de la Internacional Comunista fuera del trotskismo y de las concepciones derechistas. Esta alternativa al stalinismo, que se encarnó en la concepción del papel del Partido que ante la historia asume el papel de clase, se engendró dentro mismo del movimiento comunista, nació de su práctica revolucionaria, de las condiciones concretas de la lucha revolucionaria de la clase obrera en los distintos países, lo cual constituye la esencia de esta fase del histórico proceso del desarrollo concreto del socialismo en el mundo y de su teoría y práctica. Ella, pues, surgió, se desarrolló y devino dominante con el desarrollo y con los éxitos del mismo movimiento, de dónde obtenía su fuerza, en tanto que a su vez robustecía al movimiento como proceso mundial. Justamente por esto dicha alternativa al stalinismo no desintegró al movimiento ni lo llevó al dominio de las discusiones abstractas, dogmáticas, doctrinarias, tal como ocurrió con las oposiciones que surgieron fuera del movimiento, es decir con el trotskismo y demás alternativas parecidas. La actitud declarada o implícita de reducir la oposición y la alternativa al stalinismo, dentro de la Internacional Comunista y del movimiento en conjunto, a los disidentes de este movimiento y nada más, es decir a los trotskistas y derechistas, significó y sigue significando no sólo un punto de vista no histórico y abstracto, sino también la mera reducción de todo el proceso y del campo de batalla por el socialismo a un país del socialismo y al problema del stalinismo solamente.
Para poder comprender de un modo más cabal estos problemas es necesario tomar en cuenta dos hechos. Ante todo, es de importancia fundamental el hecho de que el marxismo se desarrolla de tal manera que cada vez más deviene concreto con respecto a los procesos históricos y se vincula con la práctica revolucionaria concreta de la clase obrera; y segundo, hay que tener en cuenta el sentido de aquellas ideas y de aquellos pensamientos que Tito expuso en las conferencias que dio en Kumrovec, en marzo de 1977,
y que se refieren al significado de la autonomía del Partido y a su responsabilidad ante su clase y su pueblo.
Cuando, dentro de los marcos de la solidaridad internacional y de la rígida organización centralizada de la disciplina del movimiento comunista y obrero, dentro del cuadro de la III Internacional como conjunto (con los movimientos sindicales, obreros y campesinos), la cuestión de la independencia se planteó como cuestión central de las relaciones políticas en este rovimiento y como cuestión clave de su futuro, entonces la lucha por el desarrollo de este movimiento y su capacitación para esta lucha debió inevitablemente conducirse en el terreno de asegurar las condiciones para la acción libre e independiente del movimiento de cada país, de acuerdo con la situación imperante en este país, con las especificidades del desarrollo histórico y las circunstancias en el mismo, con la debida responsabilidad ante la clase obrera de tal país, y en base a la estrategia general de la lucha contra el capitalismo y sus formas estrechas, es decir con todo aquello que caracteriza a esta orientación estratégica básica y sus numerosas aplicaciones prácticas. La esencia de esta lucha por la autonomía, la esencia de sus resultados históricos y de largo alcance pueden verse claramente a través de la obra de Tito, y ella representó el modelo básico de la oposición constructiva y positiva al stalinismo y al dogmatismo stalinista dentro de la III Internacional y aquello que condujo al verdadero triunfo histórico sobre el stalinismo. Este triunfo devino todavía más claro cuando este combate se libró por el nacimiento de un nuevo tipo de revolución y por un socialismo basado en la misma, por relaciones sociales socialistas basadas en este nuevo tipo de revolución, nacida en la arena de una aguda lucha de clases y política en cada país dónde surgía.
Por lo tanto, sólo un nuevo tipo de partido revolucionario y un nuevo tipo de relaciones en el mismo, un nuevo tipo de relaciones entre países socialistas y partidos obreros y entre pueblos, podía ser el fundamento de una auténtica y creadora alternativa al stalinismo, y de ninguna manera podía serlo una pura oposición doctrinaria y política, una oposición que reducía el socialismo al stalinismo, que veía su única posibilidad en el derrocamiento de Stalin y no en la verdadera fuerza creadora del proletariado. Esta posición reducía en gran manera el movimiento comunista y obrero a un país socialista en el mundo, y ponía al socialismo en el mundo en mera dependencia del desarrollo de las circunstancias en este país. Tal posición era y se demostró equivocada.
De ahí que los intentos de hoy de considerar el desarrollo del movimiento comunista en la controversia Sta-lin-Trotsky y de dar prevalencia a uno u otro de ellos sean equivocados y reaccionarios, y que se pueda decir que ellos no ven en qué consiste la esencia del movimiento revolucionario, es decir que este desarrollo siguió aparte del mismo Stalin y del mismo Trotsky, y que el mismo está contenido en el auténtico adelanto de las relaciones sociales socialistas.
Cuando en Yugoslavia maduraron las condiciones para la revolución -y ellas maduraron en el contexto de circunstancias de la II Guerra Mundial- esta estrategia de la lucha por la independencia, dentro del mismo movimiento y dentro del marco de la III Internacional, se transformó inevitablemente en estrategia de lucha de liberación nacional, como lucha por la independencia en todas las líneas de la vida. La lucha de liberación nacional condujo a la victoria de esta estrategia, y ella se manifestó en la construcción del primer poder popular, y luego del poder socialista, como expresión y guardián de la independencia, de la soberanía y de la libertad de los pueblos y de la clase obrera. Sin embargo, este poder por sí mismo no podía ser una base suficiente para la independencia y la autonomía de nuestro país ni de nuestro movimiento obrero, si él mismo no se transformaba en poder autogestor de los mismos trabajadores. En esto consiste la estrecha vinculación dialéctica de los aspectos internos y externos de la estrategia de Tito, es decir la estrecha vinculación de la lucha por la autogestión en el plano interno, y por la independencia en el externo.
En el plano mundial, en las condiciones del desarrollo de postguerra, característico por las tensiones en las relaciones y por los conflictos entre los bloques, esta estrategia no se podría valorizar ni mantener como fuerza creadora y eficaz del desarrollo mundial hacia el socialismo, de no haberse manifestado adecuadamente en una concepción, en una estrategia y en una política de las relaciones mundiales y del desarrollo internacional, es decir en la política y la filosofía de no alineación, como única alternativa frente a la tendencia y al proceso de confrontación, y al final de cuentas frente a una guerra segura entre los bloques. En efecto, la lógica de la confrontación bloquista consiste en que la complejidad de las relaciones internacionales y de los factores que influyen en estas relaciones, y por lo tanto la misma no alineación, se reducen a las meras relaciones de bloque. En la teoría de los «aliados naturales» la no alineación se considera como reserva estratégica de un bloque y se intenta hacer una división en verdaderos aliados y «los
olross, es decir los contrarios, y sólo se tienen en cuenta las relaciones de las dos superpotencias que representan a estos bloques. Semejante política de bloques conduce inevitablemente a una confrontación mundial, que puede surgir siempre cuando una de estas superpotencias considere que cuenta con alguna ventaja estratégica con respecto a la otra. De ahi que la cuestión del desarrollo de la no alineación sea idéntica a la cuestión del mismo destino del mundo en que vivimos. En esto reside aquella profunda dialéctica y trascendental vinculación de los elementos de la estrategia de Tito sobre la no alineación, dado que ella ha sido consecuentemente construida aplicando el marxismo-leninismo en el verdadero proceso de desarrollo del movimiento revolucionario en Yugoslavia y en el mundo; estrategia que, como tal, ha devenido eficaz alternativa al stalinismo y no sólo al mismo, sino también a diferentes ideas post-stalinistas o semi-stalinistas que aparecen a menudo en forma de crítica y negación del mismo stalinismo.
Es tarea del Partido, y de nuestro pensamiento revolucionario marxista, estudiar sólidamente todo este complejo problema e interpretar la esencia de la obra de Tito, su estrategia y su contribución al marxismo en el contexto del desarrollo mundial del marxismo, del socialismo y del movimiento obrero en los últimos 50 y pico de años, de manera que observando los auténticos sentidos de este desarrollo se pueda mirar más correctamente el futuro, y defender el pensamiento de Tito de las interpretaciones superficiales, por un lado, y, por otro lado, de eventuales abusos, que se pueden esperar y que se pueden captar del contexto de aquellas ideas y concepciones sobre el desarrollo del marxismo y el comunismo a las cuales me he referido aquí parcialmente. Hay que tener al respecto en cuenta que debido a la enorme importancia de la obra de Tito, y debido a la indudable autoridad que Tito tenía, muchos en Yugoslavia, pero también en el Occidente y en el Este, tratarán de poner de alguna manera la obra de Tito y su pensamiento en el contexto de sus intereses y concepciones, así que por ello hay que enfocar toda la cuestión del legado ideológico de Tito con la mayor atención.
Si el histórico desarrollo de la moderna sociedad es considerado en relación con las fases fundamentales del desarrollo del socialismo y del movimiento comunista, se puede decir que éstas entre sí se diferencian tanto por el modo en que dominaron en el plano socioeconómico y político, como por las ideas básicas que fueron las ideas guía de la acción de las fuerzas revolucionarias en el plano mundial, y así también por las personalidades que fueron expresión y portadoras de estas acciones, es decir su símbolo.
La primera fase del desarrollo histórico del mundo, del movimiento obrero y del socialismo, transcurre en el espiritu de las ideas de Marx y Engels sobre el comunismo, de manera que se puede decir cabalmente y con toda razón que ella transcurre bajo el signo de Marx y Engels, a pesar de que en este movimiento actuaron también otros destacados pensadores socialistas y políticos: Bebel, Lasalle, Liebknecht, Proudhon, Bakunin y otros.
De la segunda fase del desarrollo histórico del movimiento obrero y comunista, que surge en el umbral del siglo XIX al siglo XX, se puede decir que transcurre bajo el signo de Lenin. Sus ideas y su obra determinan la fisonomia del movimiento obrero y socialista.
De la fase que marca del desarrollo del socialismo como proceso y movimiento mundial al encuentro de las ideas adecuadas y de las expresiones políticas de este proceso, particular rente en el movimiento de la autogestión, se puede decir que transcurre en primer término bajo el signo de Tito.
Todas las otras personalidades y todas las ideas de las cuales ellas son portadoras, en el sentido de la caracterización de la época, no se pueden medir con Tito, cualquiera sea la amplitud y la difusión de sus ideas y su práctica. En efecto, todas las demás personalidades que actuaron después de Lenin, como ser Stalin, Trotsky, Buharin, Rosa Luxemburg, Mao Tse-tung, Ho Chi Minh, Dimitrov, Togliatti, Gramsci y otros, cualquiera sea su importancia y la influencia de sus ideas, no poseen el significado histórico, ni determinan el futuro en la medida de Tito y su obra.
# Hamdija POZDERAC
(Traducción: M. M. Cvetkovic)
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El articulo original salio en el numero 4, de la revista CUESTIONES ACTUALES EL SOCIALISMO, de 1981
Escrito original de: Hamdija POZDERAC
Traducido al español por M. M. Cvetkovic
lunes, 1 de septiembre de 2025
El pensamiento de Tito (Josip Broz Tito): histórica alternativa al dogmatismo
Etiquetas:
Socialismo,
Tito,
yugoslavia
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